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LA SOMBRA COLECTIVA: ¿ESTAMOS REDEFINIENDO LO HUMANO?

Actualizado: 22 feb


En estos días me tocaba dar la clase de La Sombra, según la Psicología Profunda de Carl Jung. Es una de esas clases que amo profundamente, porque cada vez que la comparto también me transforma. Hablar de la Sombra no es hablar de “lo malo” en nosotros, sino de aquello que queda fuera del campo de la conciencia: lo no reconocido, lo no integrado, lo que incomoda o desborda la imagen que queremos sostener de nosotros mismos.

Podríamos decir que el yo se va construyendo entre lo que somos capaces ,o elegimos,conversarnos, y aquello que no podemos, no queremos o simplemente no vemos. Así vamos transitando la vida con nuestra máscara, eso que Jung llamó Persona: la identidad social, el personaje que encarna nuestros valores, ideales y aquello que consideramos aceptable o digno de mostrar. Y no necesariamente por manipulación. Muchas veces es por adaptación, por pertenencia, por amor.


La Persona nos permite vivir en comunidad. Pero cuando se rigidiza, cuando sólo nos identificamos con lo luminoso, lo correcto, lo “bueno”, la Sombra comienza a pedir expresión. Lo reprimido no desaparece; busca otros caminos.


Ahora bien, si pensamos a la humanidad como un solo cuerpo psíquico, una gran psique colectiva, resulta interesante observar ciertos movimientos que emergen con fuerza, especialmente a través de los jóvenes. Vemos una apertura inédita hacia múltiples expresiones de identidad y sexualidad. Al mismo tiempo, paradójicamente, algunas investigaciones muestran generaciones que se definen como menos interesadas en la sexualidad en términos tradicionales. Surgen nuevas formas de autopercepción: identidades no binarias, asexuales, transhumanas, transespecie, personas que se reconocen como “therians”, o que exploran la idea de lo humano fusionado con lo tecnológico.

¿Qué está sucediendo con la percepción del ser humano?


Más allá de las diversidades sexuales ,que ya implican una ampliación necesaria del concepto de identidad, pareciera que estamos ante algo más profundo: una transformación en la vivencia misma de lo humano. ¿Estamos asistiendo a una expansión de la conciencia? ¿A una crisis de identidad colectiva? ¿A una reacción frente a un mundo hiper conectado, tecnificado y fragmentado?


Desde una mirada junguiana, podríamos preguntarnos si estas manifestaciones no estarán señalando contenidos que la cultura occidental ha dejado en la Sombra durante siglos: nuestra animalidad, nuestra dimensión instintiva, nuestra relación con la naturaleza, o incluso nuestra fusión creciente con la tecnología. Cuando algo ha sido negado por demasiado tiempo, suele regresar con intensidad simbólica.


Tal vez no se trate de juzgar o apresurarnos a categorizar, sino de observar con curiosidad. De preguntarnos qué aspectos de lo humano están pidiendo integración. ¿Qué partes de nuestra identidad colectiva hemos escindido? ¿Qué estamos proyectando en “los jóvenes” que quizá también nos pertenece?

Repensarnos implica reconocer que la identidad no es un bloque fijo, sino un proceso dinámico. Lo humano nunca ha sido estático. Cada época redefine sus límites y sus símbolos. Tal vez este momento histórico nos esté invitando a ampliar la pregunta por el ser, más que a cerrarla con respuestas rápidas.

Porque, al final, la Sombra no busca destruirnos. Busca completarnos. Y quizás lo que estamos viendo no sea la pérdida de lo humano, sino su transformación.


La invitación, entonces, no es a tomar posición inmediata, sino a reflexionar:

¿qué parte de esta transformación nos interpela?

¿qué emociones despierta en nosotros?

¿qué temores, qué resistencias, qué esperanzas?

Pensar la Sombra colectiva tal vez sea una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo.


Marisela Fortuny 💎

Consultora Sistémica Integrativa - Facilitadora de Bien Vivír

 
 
 

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