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EL PODER DE SANAR EN CÍRCULO


Vivimos tiempos raros. Nunca estuvimos tan conectados y, sin embargo, tan solos. Nos enseñaron a poder con todo, a rendir, a resolver rápido, a mirar siempre hacia afuera… cuando muchas de las respuestas pedían, en realidad, una pausa y una mirada hacia adentro.

En ese escenario, los Círculos Terapéuticos no son una moda nueva. Son un recuerdo antiguo. La memoria de algo esencial: que la sanación no sucede en soledad. Sucede en relación.


Ser parte de un círculo no es “ir a un grupo”. Es entrar en un campo humano donde la experiencia deja de vivirse en aislamiento. Lo que dolía en silencio empieza a tener eco, espejo, sostén. La historia personal ya no pesa igual cuando es mirada con respeto y escuchada sin apuro.

En el círculo pasa algo muy profundo: se cae la fantasía de que somos raros, defectuosos o los únicos a los que les pasa lo que les pasa. Cuando alguien se anima a nombrar su miedo, su enojo o su confusión, algo se ordena en todos. La defensa baja. Aparece confianza. No es algo místico: es el sistema nervioso entendiendo que no está solo o desamparado.


También hay algo que hoy escasea mucho: presencia sin juicio. Nadie en estos Círculos Terapéuticos viene a decirte qué tenés que hacer, ni a diagnosticarte, ni a compararte. Hay escucha real. Hay tiempo. Hay permiso para ir despacio. Y eso, por sí solo, ya es profundamente reparador. Cuando el cuerpo siente seguridad, la transformación se vuelve posible.

Desde la mirada sistémica, el círculo devuelve pertenencia. Nos recuerda que somos parte de algo más grande, que nuestra historia está entrelazada con otras, y que sanar no es aislarnos, sino ocupar nuestro lugar con más coherencia y verdad.


En un círculo bien cuidado también se activa una inteligencia colectiva muy potente. A veces otro puede ver lo que yo todavía no veo. A veces el grupo puede sostener lo que a mí me cuesta sostener sola. Eso no quita responsabilidad; al contrario, la fortalece. El sostén genuino devuelve fuerza, no dependencia.


En un mundo que suele fragmentar nuestro bienestar, los círculos proponen integración: cuerpo, emoción, historia, energía y conciencia dialogando en un mismo espacio. No prometen soluciones rápidas ni fórmulas mágicas. Ofrecen algo más profundo: un camino de transformación compartida.

Porque sanar es volver a vincularse. Con una misma. Con otros. Con la vida.

Y cuando eso pasa, incluso en medio del proceso, algo se siente como casa.


Marisela Fortuny 💎

 
 
 

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