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EL SÍNTOMA COMO INFORMACIÓN,NO COMO ENEMIGO

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Durante mucho tiempo aprendimos a mirar al síntoma como un error.

Algo a vencer , algo que aparece “cuando está todo mal” y hay que eliminar cuanto antes.

Dolor, insomnio, inflamación, ansiedad, alteraciones digestivas, sangrados, contracturas: enemigos a silenciar.

Desde una mirada sistémica y desde la Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE), esta lógica empieza a tambalear bastante.

¿Y si el síntoma no fuera un fallo…

sino un mensaje?

El cuerpo no se equivoca: el cuerpo responde.

El organismo no improvisa. Responde. Responde a historias, a contextos, a vínculos, a amenazas percibidas, a duelos no elaborados, a tensiones sostenidas, a exigencias crónicas.

La PNIE nos muestra que mente, sistema nervioso, sistema inmune y sistema endocrino funcionan como una red inseparable.

Cuando esa red percibe peligro , ya sea real o simbólico, activa respuestas de adaptación y el síntoma es una de esas respuestas.


El síntoma no aparece “porque sí”.

Aparece porque el sistema intenta regular, proteger, compensar o advertir. Desde esta perspectiva, el síntoma deja de ser un enemigo y pasa a ser un acto de coherencia biológica.

• El dolor puede ser un freno.

• La inflamación, una defensa.

• El insomnio, un estado de hiperalerta aprendido.

• El cansancio profundo, un pedido de detención.

• La enfermedad recurrente, una señal de sobrecarga adaptativa.

No estoy hablando de romantizar el sufrimiento, mucho menos de rechazar tratamientos médicos.

Hablo de ampliar la mirada.


La mirada sistémica nos recuerda algo incómodo pero a su vez, liberador: el síntoma no vive aislado dentro de una persona, vive en un sistema.

Historias familiares, mandatos, lealtades invisibles, roles sostenidos en el tiempo, vínculos tensos, duelos no nombrados, silencios heredados…

Todo eso forma parte de un contexto donde el cuerpo aprende a responder.

Muchas veces el síntoma no solo habla de un individuo, sino del lugar que ocupa:

– el que sostiene

– el que calla

– el que no molesta

– el que siempre puede

– el que nunca se detiene


El cuerpo, tarde o temprano, rompe el pacto, si es demasiado.

Escuchar al síntoma no es resignarse a él, sino dejar de pelearse con el propio organismo. Entonces, cuando el síntoma es escuchado:

• baja la amenaza percibida

• disminuye la hiperactivación del sistema nervioso

• el sistema inmune se regula

• el eje hormonal recupera ritmos más sanos

El síntoma requiere sobre todo, ser comprendido.


Por lo general ante un síntoma es común enfocarse en una pregunta que no aportará mucho que es:

“¿Cómo hago para que esto se vaya?”

El Síntoma requiere que nos preguntemos:

“¿Qué información trae?”

“¿Qué está intentando proteger?”

“¿Qué ritmo, vínculo o exigencia se volvió insostenible?”

“¿Qué parte de mí no está siendo escuchada?”

Suelo decir en los cursos que hay una clave muy importante si comienzo a trabajar con : "¿Qué me impide este síntoma y a qué me obliga o me lleva?"


Cuando miramos al síntoma con una perspectiva sistémica, Integrativa, el abordaje médico, terapéutico y personal se vuelven mucho más efectivos, no menos.

El síntoma es un aliado incómodo. No es un maestro.

Es un aliado incómodo, torpe a veces, exagerado otras.

Pero profundamente honesto.

No viene a castigarnos.

Viene a reordenar lo que se desordenó en silencio.

Cuando dejamos de verlo como enemigo, algo cambia: el cuerpo deja de gritar… porque empieza a ser escuchado.


Marisela Fortuny 💎

Consultora Sistémica y Facilitadora de Desarrollo Personal

Formadora de Disciplinas para el Bien Vivir.

 
 
 

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