LA BENDITA SOLEDAD
- Marisela Fortuny💎
- 5 jul
- 3 min de lectura

"Pobre, se lo ve siempre solo". "Pobrecita, se quedó sola". "Pobre, no te des vuelta pero mirá atrás nuestro: hay una señora que vino sola al cine."
La soledad es mala palabra, un mal signo. Aprendimos a huirle a toda costa y a sospechar de quien se lo ve solo.
"Te vas a quedar sola, y nadie te va a querer", le dice una madre a una niña que la mira consternada, con ojos grandes y confusos.
Qué ironía, ¿no? Porque en realidad venimos solos y nos vamos solos de este mundo. Venimos solos aunque seamos mellizos o gemelos, ya que el acto de nacer es de uno solo, tan de uno como la exhalación final que detiene el reloj de nuestra vida.
Ahora bien: ¿acaso no nos sentimos tremendamente solos muchas veces, pese a una agenda social repleta de eventos? ¿No te pasó sentirte profundamente aislado incluso con alguien con quien compartís el café de todas tus mañanas? Lo más irónico de todo es que en la era en que se supone que estamos más "conectados", más solos nos sentimos.
Durante muchos años de mi vida me obligué a salir los fines de semana y anotarme a cuanto evento social hubiera, porque era lo que había aprendido en mi casa de origen: "estar solo es señal de fracaso". El tema es que fui creciendo, y a veces me pesaba bastante pasar el tiempo con gente con la que compartía el espacio físico pero estaba a años luz en otros niveles. Por otro lado, como hija única que fui hasta mis 7 años, y luego hermana mayor de mellizos varones, pasé mucho tiempo sola. Y la verdad, más allá de lo que la familia pretendía enseñarme sobre lo tremendamente mala que era la soledad, yo la disfrutaba.
Luego, formándome para acompañar a personas en su desarrollo, escuchando hace más de 15 años historias y algo de vida vivida, aprendí que una cosa es la soledad y otra muy distinta la desolación.
La soledad es la experiencia de estar en relación con uno mismo. De hecho, si deseás una relación sana, esta solo es posible con alguien que se lleve bien con su soledad y no tema estar solo. La desolación, en cambio, es la desconexión total con uno mismo.
La soledad es necesaria, y la verdad es que no creo que exista un número determinado de relaciones que defina nuestro bienestar. La variable es de calidad, no de cantidad. Hay personas extrovertidas, otras introvertidas. Cada quien a su ritmo, en su propio camino. Algunos son para los muchos, y otros son para los pocos.
Carl Rogers decía que la persona plena no es la que acumula vínculos, sino la que logra habitarse a sí misma con aceptación incondicional, sin necesitar la mirada ajena para saber quién es. Esa es, ni más ni menos, la relación fundante: la que tenés con vos. Todas las demás son, en el mejor de los casos, un reflejo de esa primera.
El budismo va todavía más lejos, y le quita dramatismo al asunto: nos recuerda que la idea de un "yo" separado, sólido, que necesita ser rescatado de la soledad por otro, es en sí misma una ilusión. Estamos interconectados con todo lo que existe, aun en el silencio de una habitación vacía. Por eso el maestro no le teme al retiro, a la quietud, al no tener con quién hablar: sabe que ahí, precisamente ahí, es donde el ruido se aquieta y aparece lo que realmente somos.
Quizás la pregunta nunca fue "¿por qué estoy solo?", sino "¿qué tan bien me llevo con la persona con la que estoy cuando estoy solo?".
Y esa, quizás, sea la única compañía que en verdad no podemos evitar. Mejor aprender a disfrutarla.
Marisela Fortuny 💎 - Disciplinas para el Bien Vivir




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