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TERAPIAS ALTERNATIVAS Y PSICOLOGÍA: ¿COMPETENCIA O COMPLEMENTO?

En el mundo de las terapias y el acompañamiento de personas en procesos de desarrollo existen dos realidades insoslayables:

La primera: las terapias alternativas y complementarias están entre nosotros, y la gente se ha volcado masivamente hacia ellas.

La segunda: esas mismas terapias se han abierto como una posibilidad de "trabajo" rápido y accesible, y con frecuencia no son tomadas ni transmitidas con la seriedad que requieren.

En mis quince años de experiencia podría hacerte un largo listado de verdaderos profesionales del campo. Y aquí quiero detenerme en algo que sostengo con convicción: para mí, profesional no es un título académico. Conozco personas con títulos que actúan con escaso profesionalismo, y conozco personas sin ellos que acompañan con una responsabilidad, consciencia y nivel que pocos alcanzan.

En mis cursos digo siempre que "profesional" es un modo de hacer las cosas.

Por eso, tanto en mis formaciones como en mi propio recorrido como alumna, hago que el proceso de certificación ,el cierre del aprendizaje, pase por más de un filtro. Pido que los alumnos trabajen, investiguen, elaboren. El resultado es que de diez o quince personas, certifican, con suerte, seis. Alguien me preguntó una vez si no lo veía como un fracaso. Mi respuesta fue clara: no, en absoluto. Es un éxito total. Quiero poder recomendar a mis alumnos certificados con los ojos cerrados.


En los últimos años he observado un intercambio cada vez más frecuente en redes sociales donde psicólogos denostan a terapeutas alternativos, y estos responden señalando que algo significará que la gente los prefiera. Me parece, con todo respeto, una tontería absoluta. Trabajamos en áreas diferentes que no compiten, y que pueden enriquecerse enormemente si se suelta esa pulseada estúpida de una vez.


¿Por qué no competimos?


Las terapias alternativas no compiten con la psicología convencional cuando se comprenden como complemento y no como reemplazo. Desde ese lugar, pueden aportar muchísimo en términos de sentido, pertenencia y bienestar integral.

Te explico por qué sostengo esto:

Enfoque diferente, no enfrentado: Las terapias alternativas suelen trabajar desde un modelo holístico —cuerpo, mente y espíritu— y simbólico. La psicología científica se centra en procesos cognitivo-emocionales, diagnóstico y evidencia. Esas miradas no se anulan: describen realidades distintas y pueden convivir en el mismo proceso. Muchos de mis consultantes trabajan simultáneamente con su psicólogo, y varios lo hacen por recomendación mía.


Aportan sentido y narrativa: Muchas personas no buscan etiquetas diagnósticas, sino sentido, símbolo y ritual. Las terapias alternativas ofrecen narrativas que ayudan a integrar el sufrimiento y a resignificar el pasado.


Mayor cercanía y calidez: Para mucha gente, las terapias alternativas se perciben como más humanas y accesibles que la psicología institucional. No se sienten como un trámite.


Potencian el autoconocimiento: Prácticas como la meditación, las constelaciones, la respiración consciente o el arte-terapia fomentan la introspección y la conciencia corporal. Lejos de invalidar la psicología, enriquecen el trabajo sobre la subjetividad y hacen que la persona se sienta co-autora de su proceso.


Reducen el estigma: Las terapias alternativas se mueven en el terreno del crecimiento personal y la trascendencia, lo que abre puertas a quienes no se atreverían a iniciar una psicoterapia. Muchas veces, una vez iniciado ese camino alternativo, dan el paso hacia ella.


Abordan dimensiones no diagnosticables: El vacío existencial, la pérdida de sentido, la crisis de identidad o la ruptura simbólica no siempre encajan en un manual diagnóstico. Las terapias alternativas trabajan esas dimensiones profundas sin necesidad de competir con el criterio clínico.


Preparan o acompañan la psicoterapia: Varias prácticas alternativas funcionan hoy como puerta de entrada o acompañamiento a la psicoterapia convencional. Una persona puede comenzar por ese camino, ganar confianza y luego incorporar un proceso psicoterapéutico, sin que uno cancele al otro.


Se orientan al bienestar, no a la patología: Mientras la psicología suele vincularse al malestar y al diagnóstico, muchas terapias alternativas se enfocan en la prevención, el equilibrio y la expansión de conciencia. Ofrecen un espacio de cuidado continuo que el modelo clínico, por estructura y tiempo, no siempre puede sostener.


No reemplazan: complementan: Muchos psicólogos ya integran herramientas alternativas : mindfulness, EMDR, trabajo corporal, constelaciones educativas, para potenciar sus resultados. Eso dice todo: el modelo no es "psicología versus terapias alternativas", sino psicología más terapias alternativas.


Al final, la pregunta no es quién tiene razón o quién es más válido. La pregunta real es: ¿qué necesita esta persona que tengo enfrente?

Cuando ponemos al ser humano en el centro , y no al enfoque, ni al ego profesional, ni a la necesidad de tener razón, la disputa se disuelve sola. Porque nadie que acompañe personas con genuino compromiso puede darse el lujo de reducir ese proceso a una guerra de metodologías.

Hay espacio para todos. Lo que no hay espacio es para la mediocridad, la improvisación ni la falta de ética, venga de donde venga: de un consultorio con diplomas en la pared o de un retiro en el bosque.

Ese es el único estándar que me importa.


Marisela Fortuny 💎

Consultora Sistémica NeuroContemplativa y Facilitadora en Desarrollo Humano


 
 
 

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