top of page

EL PODER DE MIRARNOS “SIN OJOS PRESTADOS "

Vivimos en un mundo que nos enseña a desconfiar de nosotros mismos y del increíble potencial transformador que tiene mirarnos y escucharnos.

En algún momento nos impusieron un modo de vernos, y nos hemos mirado desde "esos ojos prestados". Cuando éramos niñas y niños no podíamos desconfiar ni cuestionar cómo nos miraban quienes más amábamos. Poco sabíamos de que nos miraban desde una historia particular, desde un conjunto de vivencias que direccionaban su sentir y vivir.

Antes, los padres, las madres o los adultos a cargo no tenían un reel que les hablara de crianza, ni sabían de las memorias que se transmiten de una generación a otra, ignoraban por completo la crianza respetuosa. Hicieron lo que pudieron, así, tal cual nosotros ahora.

Un día llegó nuestro turno, una invitación, un desafío: hacer lo que ellos no hicieron con nosotros o hacerlo mejor que ellos. Tampoco nadie nos dice que la vida tiene tanto de azar como de decisión, y en ese vaivén se tejen nuestras “realidades”, nuestras vivencias, nuestras vicisitudes.


Creemos que somos adultos porque sostenemos hogares y trabajos. Sin embargo, a veces, lloramos y gritamos como niñas y niños. Y esos gritos abren paso a la necesidad de escuchar esas verdades que desgarran con la misma intensidad con la que nos despiertan: "la que grita, llora y estalla es tu parte niña; por eso no podés posicionarte como madre".

Esa verdad, esa dura verdad que nos hace advertir que no somos quienes creemos que somos, sino un relato continuo de nuestra historia y de la capacidad que tenemos para mirarla, honrarla, re narrarla las veces que sean necesaria hasta llegar a ese estado de paz con quienes fuimos, somos y seremos.


Advertimos que por momentos miramos y actuamos el mundo desde partes internas de nuestra identidad –subpersonalidades- que aparecen para que logremos preguntarnos qué necesitamos.

Al comienzo respondernos qué necesitamos y cómo podemos satisfacerlo parece chocar contra un muro: las certezas anquilosadas en nuestra percepción. Sin embargo, respirar, bajar a la memoria somática del cuerpo, detenernos allí, visualizar, preguntar, mirar reacciones, lugares, percepciones, personas; se transforman en modos amorosos de acceder a nosotros mismos. Este “volver a situaciones recordadas”, para re narrarlas es un modo de acceso a nuestra voz más profunda: la que sabe quiénes somos y qué podemos hacer para sentirnos felices, es decir gozar de momentos de bienestar y de esas nuevas versiones que se van tejiendo cuando las viejas se atan a significaciones que ya no son nuestras y, por fin, las soltamos.


Hay momentos de mucho amor en el proceso, también de dolor. Sin embargo, cuando vemos a la niña que aguarda ser mirada, escuchada y valorada por el simple hecho de existir; cuando le decimos que no tiene que sacrificarse para recibir amor; cuando le damos permiso para mostrarse desde su autentiticidad; cuando encontramos modos de gestionar la satisfacción de cada uno de sus deseos de niña; Llegamos a ese instante de "click" donde pasado y presente se funden, sumergen, "tocan fondo" y se convierten en el imparable impulso para "subir".

Subir es re narrar-se, es cobijarse, es re-conocerse. Es también nombrarse y relatarse las veces que sean necesarias para alcanzar ese despliegue transformador: honrar a todas esas versiones que fuimos, alojar a nuestra niña y continuar ese proceso de invención de nosotras mismas. Si pudiésemos imaginar una brújula interior seguramente nos llevaría a sentir calma, alivio, tranquilidad; esa sensación de estar en paz con nosotros y con nuestra historia sabiendo que podemos seguir construyéndonos y construyéndola porque si “una creencia es el sentimiento de certeza sobre el significado de algo” somos los únicos que podemos respondernos cuáles son nuestras certezas.


Yamina Zárate ,


Alumna del cursado : Facilitador del Desarrollo Transpersonal 2025


Trabajo de integración



 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page